miércoles, 30 de abril de 2014

La cultura- gimnasia de la creación literaria.




Te hablé antes de los colores del escritor, las palabras, que debes conocer, respetar, cuidar  y  amar, para que te sean fieles y acudan a tu mente cuando las necesites.
Pero hay otros artes que el escritor debe cultivar para poseer recursos a la hora de transmitir historias, noticias, pensamientos…o cualquier elemento de comunicación escrita que se te ocurra (quizás estos blogs en los que te escribo y que tanto proliferan entre la juventud).

Uno de los recursos más importantes, sin duda, que un comunicador debe poseer, es el de la cultura, en el sentido más amplio de la palabra.

Hay que conocer la historia social-política-económica que nos precede y a la que debemos nuestro presente.
Hay que estar al día de lo que está sucediendo en el mundo mientras existimos.
Hay que conocer y entender los avances de la ciencia.
Como decía Gádamer, hay que comprenderse o interpretarse en el mundo.
Hay que (es muy conveniente, quiero decir. No hay nada necesario para escribir) ser una persona leída,  que sabe conversar de diferentes temas; que tiene una idea propia sobre la religión y su historia; que defiende unos intereses políticos no heredados, sobre los que ha reflexionado y se ha convencido de sus bondades; que ha estudiado al ser humano y su evolución antropológico-cultural; que comprende, cuando escribe, por qué las circunstancias son las que son, y no otras; o quizás que juega a que sean diferentes a como deberían ser con el ánimo de fantasear o enganchar al lector, pero sabiendo que lo hace.

Particularmente soy un heraclitiano convencido. Postulo que absolutamente todo se encuentra en estado de evolución. Todo es como es, fruto de todo lo que le precedió, y será como será, fruto de nuestras influencias presentes.
Partiendo de esta premisa, cuando escribas,  informa al lector,  o quizás juega con mantener el misterio hasta el desenlace, de las circunstancias previas que han favorecido la historia que transmites. 

Lee con fervor a estudiosos previos que escribieron sus investigaciones. Conoce bien la historia. Lee a diario los periódicos. Sé un escritor formado y culto, y tu escritura se verá favorecida por este recurso.
La imaginación es muy importante, sin duda, pero como ya he comentado antes, se puede ejercitar como el bíceps, y la cultura es un aparato más dentro del  gimnasio de la creación literaria.

Te incluyo cinco colores.

Nihilismo- No creen en nada. Doctrina que niega la existencia de una realidad sustancial correspondiente a las instituciones sensibles.
Panteísmo- Doctrina teológica que afirma la identidad sustancial de Dios y el mundo.
Ascesis- reglas que imponen una vida rigurosamente austera, con la mortificación y renuncia de todas las cosas terrenales, y los instintos carnales.
Catarsis- Purificación de las pasiones del ánimo mediante las emociones provocadas por las obras de arte, por la tragedia.
Paroxismo: exaltación extrema de los afectos y las pasiones.       

miércoles, 19 de marzo de 2014

Sobre la atmósfera y los detalles.




Es difícil aconsejar sobre este asunto. Cada escritor debe encontrar sus características personales. Los hay que centran toda la atención en la historia, en los diálogos, y en los hechos, sin artificios decorativos (quiero decir, sin detalles no esenciales a la trama, como historias pretéritas que conforman a los personajes, pensamientos que cruzan sus mentes mientras escuchan al interlocutor, o descripciones espacio-temporales del entorno (quiero decir que no se paran a describir la habitación en la que se encuentran los personajes, la atmósfera general de la casa en la que habitan, la estación del año en le que transcurre el nudo, o el tipo de nubes que surcan sus cabezas en ese momento)).

Pero también los hay, por supuesto, que son todo lo contrario, y nos transmiten las escenas con tal  lujo de detalles que cuesta creer que el autor no haya estado presente cuando todo ocurrió, y en realidad no haya salido todo (olores, temperaturas, colores, sensaciones...) de su imaginación.

La escritura también tiene su técnica, como todo en esta vida. Y a mi juicio, el considerar la utilización de uno u otro sistema de escritura, dependerá también de la longitud del texto que pretendas escribir.
Por supuesto un micro-relato no da muchas opciones para extenderse en los detalles.
Un relato corto las ofrece un poco mayores, pero normalmente se apoyan en el argumento, y sobre todo en el giro final que deberían ofrecer al lector para sorprenderle.
En las novelas, corta o larga, las posibilidades son infinitas.
Agatha Christie no era amiga de salirse en exceso de los acontecimientos-conversaciones de sus personajes, y gracias al misterio de sus tramas conseguía enganchar al lector hasta el punto de ser prácticamente imposible no terminar de leer sus libros. Que es meritorio, sin duda, porque ofrece un entretenimiento agradable y te succiona de la realidad (que en muchos casos es lo que pretende el lector), con la fuerza de sus asesinatos, y de manera agradable.

Otros autores (mis preferidos, los que no tienen ninguna prisa por contar su historia. Los que necesitan adornar a sus personajes con pasados, sentimientos y emociones. Los que se recrean en la descripción del entorno) gustan de concederle a la descripción de las circunstancias espacio-histórico-temporales, influencia directa en lo que está sucediendo.

Yo (a mi modesto entender subjetivo) disfruto mucho más con los segundos.

Agatha Cristie

-Ah, por favor, señora, ¿podría hablar un momento con usted?
Podría pensarse que esta petición era un absurdo, puesto que Edna, la doncellita de la señorita Marple, estaba hablando con su ama en aquellos momentos.
Sin embargo, reconociendo la expresión, la solterona repuso con presteza:
-Desde luego, Edna, entra y cierra la puerta. ¿Qué te ocurre?
Tras cerrar la puerta obedientemente, Edna avanzó unos pasos retorciendo la punta de su delantal entre sus dedos y tragó saliva un par de veces.
-¿Y bien, Edna? -la animó la señorita Marple.


Carmen Laforet (de su libro "Nada"- te aconsejo su lectura)

Lo que estaba delante de mí era un recibidor alumbrado por la única y débil bombilla que quedaba sujeta a uno de los brazos de la lámpara, magnífica y sucia de telarañas, que colgaba del techo. Un fondo oscuro de muebles colocados unos sobre otros como en las mudanzas.
En toda aquella escena había algo angustioso, y en el piso un calor sofocante como si el aire estuviera estancado y podrido.


¿Lo ves?
Consejo: Escribe sin prisa. Mira alrededor de tus personajes. Y cuéntanoslo.
 

sábado, 1 de marzo de 2014

Los mayores de Manuel




Manuel nació en Madrid, en el seno de una familia muy humilde de emigrantes andaluces recién llegados a la capital.
Su padre, Joaquín, había sido agricultor y pastor, en el cortijo de los señores.
Su madre, Filomena lo limpiaba y cocinaba, y también hacía quesos de cabra.
Ninguno de los dos había ido nunca al colegio.

Eran primos hermanos. Joaquín había sido regalado a sus tíos al morir su padre de una tuberculosis inclemente. Así que se criaron juntos desde niños.
Y se enamoraron al poco de nacer en ellos esa posibilidad, la del enamoramiento. Apenas unos adolescentes nuevos. Aunque supieron enseguida que compartirían la vida, sin la menor duda.
Fue un gran escándalo en la familia cuando se enteraron. Dos primos enamorados era una abominación en aquellos tiempos. Había que ocultárselo al mundo entero y cortar el mal de raíz.
Entonces decidieron moler a palos a Joaquín, casi a diario, si le pillaban con Filomena, aunque simplemente la estuviese mirando.
Las palizas duraron años y le empequeñecieron el ánimo y le curvaron la espalda, pero no le encogieron el corazón.

Con diecisiete se vino a Madrid a hacer la mili voluntario. Ella tenía catorce, se quedó en el cortijo y no volvió a hablar ni una sola palabra mientras estuvo sola allí, sin él.

Firmó cuatro años en el Ejército de Tierra- Automóviles. Aprendió a conducirlos y a arreglarlos. Esa fue siempre su profesión.
Cada verano volvía al pueblo en tren. Un día entero, siempre decía. Y cortejaba a Filomena a pesar de todo y todos.
Cuando terminó la mili pidieron dispensa papal para poder casarse. Un simple análisis de sangre y ya está. Concedido. Pagando, claro.

Se casaron en el pueblo cuando ella tenía dieciocho y se vinieron para Madrid.
Al año nació Manuel, y Filomena estuvo a punto de morir tras un parto de dos días.
Como consecuencia perdió la fertilidad y buena parte de la alegría. Sólo el pequeño Manuel le encendía la sonrisa.

Vivieron apurados y trabajaron como esclavos para darle a Manuel, que les había salido inteligente, los estudios que quisiera.
El día que se licenció en Económicas fue el más feliz en la vida de Joaquín y Filomena. La culminación de toda una vida de amor y sacrificio.

Por eso Manuel se alegra ahora de que ya hace unos años que dejaron este mundo. Con apenas unos meses de diferencia. Y no puedan ver ni al obsceno personaje en el que se ha convertido su amado hijo, sin haberse dado cuenta, ni el daño que está causando a tanta gente, arruinada por su culpa.
Manuel lo cambiaría todo si pudiese. Desde el principio.
  

viernes, 21 de febrero de 2014

Personajes y credibilidad



Juan Manuel de Prada es uno de mis escritores preferidos.
Su dominio del lenguaje es asombroso y sus textos deberían ser estudiados en todas las escuelas del mundo. No creo que haya muchos autores en lengua castellana que sean capaces de expresarse como él.

En "forma" le pondría un 10, sin duda, porque es imposible mejorar su manera de escribir. Reconozco envidia sana siempre que le leo, lo que procuro hacer con cierta frecuencia.

Sin embargo en "contenido" no le pondría más de un 6. Sus historias no son lo suficientemente entretenidas-imaginativas como para justificar una forma tan perfecta. Es difícil, salvo que seas un gran amante de la palabra escrita, terminar sus novelas.
Reflexionando mientras escribo, pienso en otra posibilidad, y es que su perfecta manera de escribir, la lenta lectura que demanda para poder gozarla, no permita al lector sumergirse plenamente en la historia que se transmite. 
Quizás sea una mezcla de ambas teorías. No estoy seguro.

Pero en cualquier caso, no es éste el asunto que más me interesa sobre el autor, y que deseo transmitirte: A mi juicio, el principal defecto (que lo es, y por eso lo califico como tal) del autor, es hacer hablar-expresarse a sus personajes de igual manera que lo hace él mismo, o lo hacen sus narradores (que suelen ser personajes cultos).

A modo de ejemplo:

Novela: La tempestad.

Narrador (profesor de arte que se identifica enseguida con JMdP. Al menos lo identificamos los que hemos leído otros textos del autor): "Contemplé el perfil de su rostro, erosionado como el de Venecia por las sucesivas invasiones de hombres que la habían venerado o mutilado moralmente, pero inasequible a su dominación. Los extranjeros se habían agolpado sobre Venecia y la habían arañado con sus zarpas, o se habían obstinado en redimirla de su decadencia, pero Venecia se mantenía fiel a su designio, que no era otro que el de hundirse grandiosamente en la laguna, para convertirse en un cementerio submarino con palacios como mausoleos y grandes plazas para que paseen los muertos".

Personaje (pintora italiana): "Nada más natural y placentero que planear tu propia muerte. Es mucho más doloroso asistir a la muerte de un amigo que se adelanta a su destino. No tanto por el amigo que muere, sino por uno mismo. Cuando hablamos de un amigo muerto, estamos hablando de nuestra propia muerte, de esa parte de nosotros mismos que el otro se lleva consigo y se extingue con él. No lloramos por el amigo, sino por lo que ese amigos nos arrebata. Los muertos se abastecen con nuestra propia muerte".

¿Lo ves? 

Hablo de la forma, ya sabes. Se puede identificar perfectamente al autor tras ambos párrafos. Es él sin la menor duda. Es su manera de escribir, lúcida y única.

El consejo que os transmito, es que hay que construir muy bien a nuestros personajes. Al fin y al cabo somos sus creadores y por tanto les conocemos mejor que nadie. Sabemos lo que han vivido, sus vínculos familiares, sus emociones más intensas, sus secretos, lo que piensan, lo que sueñan, e incluso lo que les queda por vivir.
Hemos de otorgarles su propia manera de expresarse, que lógicamente tendrá que ver con sus circunstancias vitales-académicas-psicológicas, pero en todo caso deben ser propias, suyas en exclusividad.

Tenlo siempre presente cuando escribas, es importante.

Hemos de conceder a nuestros personajes la credibilidad que deseamos para nosotros mismos.

lunes, 17 de febrero de 2014

Sobre si es necesario tener pensado lo que se va a escribir



La respuesta a la pregunta del título es no. No lo es.
Sin embargo, si la pregunta fuese: ¿es conveniente tener pensado lo que se va a escribir?, la respuesta sería más amplia y por supuesto, sujeta a opiniones e interpretaciones.

Por lo que he leído de escritores de renombre, los procedimientos de escritura pueden llegar a ser diametralmente opuestos: Los hay que antes de comenzar a escribir cualquier historia, previamente han ido pensando, o anotando, todos los matices de la misma; desde personajes, a tiempos, a nudo, narrador, desenlace...
Y los hay que se sientan a escribir sin tener absolutamente nada previamente preparado, y dejan que su imaginación y sus dedos trabajen en paralelo.

Picasso decía que él no creía en las musas, pero que por si acaso en algún momento llegaban, lo mejor era que te pillasen trabajando.

Hay escritores que se toman su profesión como un trabajo. Vargas Llosa se levanta temprano, desayuna, se ducha, se pone traje y corbata, y se sienta a escribir toda la mañana.
Por supuesto hay escritores mucho más erráticos y anárquicos, pero no sé cuántos de ellos tienen un Premio Nóbel.

Por mi experiencia personal, te diré que cuando tienes las cosas medio pensadas en la cabeza, la escritura fluye con mayor facilidad, al menos al principio, hasta que plasmas esas ideas sobre el papel/pantalla en blanco. Aunque también te diré que el hecho de que las palabras fluyan con mayor facilidad, no garantiza en absoluto que la calidad de las mismas sea mejor que cuando te sientas a escribir con la cabeza tan en blanco como el papel.

Por tanto, por mi parte, te aconsejo que te conozcas a ti mismo como escritor y que pruebes diferentes técnicas hasta ver la que te resulta más placentera, por un lado, y más productiva, por otro.

Te sugiero que escribas con regularidad. Que te sientes a escribir aunque no tengas ninguna historia en mente. Y que ejercites la imaginación no sólo con el pensamiento, sino también con los dedos sobre el teclado.

Y un último consejo que quizás no consideres importante pero que para mí lo ha sido en muchas ocasiones: Cuando una idea se te venga a la cabeza, apúntala en algún sitio (lleva siempre una libreta contigo, o apúntala en el móvil como una nota o una tarea). En ningún caso permitas que la idea se difumine hasta el olvido, que puede pasar, doy fe,  por muy vívida o intensa que en el momento de su nacimiento la sientas.
Después te arrepentirás mientras levantas las baldosas de tu memoria buscándola.

miércoles, 12 de febrero de 2014

El adjetivo- Damos forma a nuestros personajes- y algunos colores




No voy a hablarte de gramática en este blog. Esa parte te la explicarán mucho mejor tus profesores.
Mis comentarios irán siempre enfocados a la escritura con emoción, que a mi modesto entender, es como debe escribirse siempre. No hablo, claro está, de textos formales: jurídicos, médicos o empresariales, donde se expresan hechos o datos.

Mi tipo de palabra preferida es el adjetivo, y por eso comienzo por él, mi gran amigo.
En latín significa "que se agrega". Complementa a un sustantivo para calificarlo. Expresa características o propiedades atribuidas a un nombre, ya sean concretas, o cognoscibles por los sentidos (nuestro personaje es alto y moreno), ya sean abstractas, o cognoscibles por la mente (aunque peca de ser introvertido y a veces arisco).

Si volvemos a nuestros personajes, podemos trabajar con ellos “determinándolos”, forjándoles un perfil, calificándolos, de manera que el lector le moldee en su imaginación, y consigamos introducir en su mente, una imagen fiel de nuestra creación.

A veces, en literatura, los adjetivos son sustituidos por sentencias que los explican. Se puede decir Manuel es calvo desde los veinte o:

- Manuel comenzó a perder el pelo con apenas veinte años. Quizás por eso desde entonces enarbola un abundante mostacho moreno.
Padece una incipiente cojera fruto de una artrosis prematura en su rodilla izquierda, y suele fijar la mirada en el infinito porque siempre va ensimismado en sus pensamientos, que suelen remitir a sus obligaciones cotidianas, que le estresan y le entristecen.
No es observador. Peca de ser introvertido y a veces arisco, aunque cuando se encuentra relajado, con su mujer y sus hijos, es simpático y dicharachero.
Sobrepasa los cincuenta y sueña cada día con prejubilarse de su aciago trabajo y dedicarse en cuerpo y alma, a lo que más le gusta en el mundo, la fascinante magia.

-Verónica ya nació preciosa. Su madre siempre decía que estaba tocada por la mano de Dios.
Destacó desde muy pequeña en el arte del dibujo, y sus realistas creaciones sorprendían a sus profesores por su riqueza de detalles. Ahora estudia Bellas Artes en la Universiad y confía en poder vivir algún día de sus cuadros.
Fue cambiando el rubio intenso de la infancia, por el castaño otoñal que luce ahora, aunque siempre escondido en un tímido moño para evitar las siempre lujuriosas miradas de los hombres.
Nunca ha estado enamorada porque está siempre a la defensiva, y aunque algunos jóvenes han volcado en ella sentimientos puros y sinceros, Verónica nunca ha sido capaz de entregarse a nadie. Incluso ha ponderado en alguna ocasión la posibilidad de aceptar los votos religiosos y desaparecer definitivamente en una vida de retiro y oración.


- Pilar nació en aquellos duros años de la horrible guerra civil que mataría cruel e injustamente a un millón de españoles.
Se quedó sin padre cuando tenía un año, fusilado contra la valla del cementerio.
Su madre murió pocos años después, de una lenta tuberculosis. Pilar siempre la recuerda tosiendo, no puede evitarlo.
Desde ese momento comenzó a vivir con una tía que, siguiendo el tópico, la trataba como una esclava.
Con dieciséis años se quedó embarazada de su gran amor, Armando, que a la vez dejó embarazada a otra muchacha del pueblo, con más recursos que ella, y que fue la elegida para contraer matrimonio.
Madre soltera en una España religiosa e intransigente con ciertas situaciones, pasó la vida escondiendo su verdad, y fingiendo vidas que no eran la suya.
Hasta que perdió la noción de la realidad y sucumbió a sus invenciones. 
Ha escapado varias veces de la residencia donde vive sus últimos años, y donde es tratada sin demasiado éxito, de la demencia senil que la acompaña y aturde.


Y algunos colores en forma de adjetivos:

Prístino – 1- antiguo, primitivo. 2- puro, sin igual.

Holístico- Que engloba todos los aspectos. Medicina holística, se cuida del cuerpo y del espíritu.

Huero: Vano, vacío y sin sustancia

Gregario: Que sirve las ideas o iniciativas ajenas

Plausible: Recomendable, digno de aplauso