miércoles, 19 de marzo de 2014

Sobre la atmósfera y los detalles.




Es difícil aconsejar sobre este asunto. Cada escritor debe encontrar sus características personales. Los hay que centran toda la atención en la historia, en los diálogos, y en los hechos, sin artificios decorativos (quiero decir, sin detalles no esenciales a la trama, como historias pretéritas que conforman a los personajes, pensamientos que cruzan sus mentes mientras escuchan al interlocutor, o descripciones espacio-temporales del entorno (quiero decir que no se paran a describir la habitación en la que se encuentran los personajes, la atmósfera general de la casa en la que habitan, la estación del año en le que transcurre el nudo, o el tipo de nubes que surcan sus cabezas en ese momento)).

Pero también los hay, por supuesto, que son todo lo contrario, y nos transmiten las escenas con tal  lujo de detalles que cuesta creer que el autor no haya estado presente cuando todo ocurrió, y en realidad no haya salido todo (olores, temperaturas, colores, sensaciones...) de su imaginación.

La escritura también tiene su técnica, como todo en esta vida. Y a mi juicio, el considerar la utilización de uno u otro sistema de escritura, dependerá también de la longitud del texto que pretendas escribir.
Por supuesto un micro-relato no da muchas opciones para extenderse en los detalles.
Un relato corto las ofrece un poco mayores, pero normalmente se apoyan en el argumento, y sobre todo en el giro final que deberían ofrecer al lector para sorprenderle.
En las novelas, corta o larga, las posibilidades son infinitas.
Agatha Christie no era amiga de salirse en exceso de los acontecimientos-conversaciones de sus personajes, y gracias al misterio de sus tramas conseguía enganchar al lector hasta el punto de ser prácticamente imposible no terminar de leer sus libros. Que es meritorio, sin duda, porque ofrece un entretenimiento agradable y te succiona de la realidad (que en muchos casos es lo que pretende el lector), con la fuerza de sus asesinatos, y de manera agradable.

Otros autores (mis preferidos, los que no tienen ninguna prisa por contar su historia. Los que necesitan adornar a sus personajes con pasados, sentimientos y emociones. Los que se recrean en la descripción del entorno) gustan de concederle a la descripción de las circunstancias espacio-histórico-temporales, influencia directa en lo que está sucediendo.

Yo (a mi modesto entender subjetivo) disfruto mucho más con los segundos.

Agatha Cristie

-Ah, por favor, señora, ¿podría hablar un momento con usted?
Podría pensarse que esta petición era un absurdo, puesto que Edna, la doncellita de la señorita Marple, estaba hablando con su ama en aquellos momentos.
Sin embargo, reconociendo la expresión, la solterona repuso con presteza:
-Desde luego, Edna, entra y cierra la puerta. ¿Qué te ocurre?
Tras cerrar la puerta obedientemente, Edna avanzó unos pasos retorciendo la punta de su delantal entre sus dedos y tragó saliva un par de veces.
-¿Y bien, Edna? -la animó la señorita Marple.


Carmen Laforet (de su libro "Nada"- te aconsejo su lectura)

Lo que estaba delante de mí era un recibidor alumbrado por la única y débil bombilla que quedaba sujeta a uno de los brazos de la lámpara, magnífica y sucia de telarañas, que colgaba del techo. Un fondo oscuro de muebles colocados unos sobre otros como en las mudanzas.
En toda aquella escena había algo angustioso, y en el piso un calor sofocante como si el aire estuviera estancado y podrido.


¿Lo ves?
Consejo: Escribe sin prisa. Mira alrededor de tus personajes. Y cuéntanoslo.
 

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