Manuel nació en Madrid, en el seno de una familia muy
humilde de emigrantes andaluces recién llegados a la capital.
Su padre, Joaquín, había sido agricultor y pastor, en el
cortijo de los señores.
Su madre, Filomena lo limpiaba y cocinaba, y también hacía
quesos de cabra.
Ninguno de los dos había ido nunca al colegio.
Eran primos hermanos. Joaquín había sido regalado a sus tíos
al morir su padre de una tuberculosis inclemente. Así que se criaron juntos
desde niños.
Y se enamoraron al poco de nacer en ellos esa posibilidad,
la del enamoramiento. Apenas unos adolescentes nuevos. Aunque supieron
enseguida que compartirían la vida, sin la menor duda.
Fue un gran escándalo en la familia cuando se enteraron. Dos
primos enamorados era una abominación en aquellos tiempos. Había que
ocultárselo al mundo entero y cortar el mal de raíz.
Entonces decidieron moler a palos a Joaquín, casi a diario,
si le pillaban con Filomena, aunque simplemente la estuviese mirando.
Las palizas duraron años y le empequeñecieron el ánimo y le
curvaron la espalda, pero no le encogieron el corazón.
Con diecisiete se vino a Madrid a hacer la mili voluntario.
Ella tenía catorce, se quedó en el cortijo y no volvió a hablar ni una sola
palabra mientras estuvo sola allí, sin él.
Firmó cuatro años en el Ejército de Tierra- Automóviles.
Aprendió a conducirlos y a arreglarlos. Esa fue siempre su profesión.
Cada verano volvía al pueblo en tren. Un día entero, siempre
decía. Y cortejaba a Filomena a pesar de todo y todos.
Cuando terminó la mili pidieron dispensa papal para poder
casarse. Un simple análisis de sangre y ya está. Concedido. Pagando, claro.
Se casaron en el pueblo cuando ella tenía dieciocho y se
vinieron para Madrid.
Al año nació Manuel, y Filomena estuvo a punto de morir tras
un parto de dos días.
Como consecuencia perdió la fertilidad y buena parte de la
alegría. Sólo el pequeño Manuel le encendía la sonrisa.
Vivieron apurados y trabajaron como esclavos para darle a
Manuel, que les había salido inteligente, los estudios que quisiera.
El día que se licenció en Económicas fue el más feliz en la
vida de Joaquín y Filomena. La culminación de toda una vida de amor y
sacrificio.
Por eso Manuel se alegra ahora de que ya hace unos años que
dejaron este mundo. Con apenas unos meses de diferencia. Y no puedan ver ni al
obsceno personaje en el que se ha convertido su amado hijo, sin haberse dado cuenta, ni el daño que está
causando a tanta gente, arruinada por su culpa.
Manuel lo cambiaría todo si pudiese. Desde el principio.
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