sábado, 1 de marzo de 2014

Los mayores de Manuel




Manuel nació en Madrid, en el seno de una familia muy humilde de emigrantes andaluces recién llegados a la capital.
Su padre, Joaquín, había sido agricultor y pastor, en el cortijo de los señores.
Su madre, Filomena lo limpiaba y cocinaba, y también hacía quesos de cabra.
Ninguno de los dos había ido nunca al colegio.

Eran primos hermanos. Joaquín había sido regalado a sus tíos al morir su padre de una tuberculosis inclemente. Así que se criaron juntos desde niños.
Y se enamoraron al poco de nacer en ellos esa posibilidad, la del enamoramiento. Apenas unos adolescentes nuevos. Aunque supieron enseguida que compartirían la vida, sin la menor duda.
Fue un gran escándalo en la familia cuando se enteraron. Dos primos enamorados era una abominación en aquellos tiempos. Había que ocultárselo al mundo entero y cortar el mal de raíz.
Entonces decidieron moler a palos a Joaquín, casi a diario, si le pillaban con Filomena, aunque simplemente la estuviese mirando.
Las palizas duraron años y le empequeñecieron el ánimo y le curvaron la espalda, pero no le encogieron el corazón.

Con diecisiete se vino a Madrid a hacer la mili voluntario. Ella tenía catorce, se quedó en el cortijo y no volvió a hablar ni una sola palabra mientras estuvo sola allí, sin él.

Firmó cuatro años en el Ejército de Tierra- Automóviles. Aprendió a conducirlos y a arreglarlos. Esa fue siempre su profesión.
Cada verano volvía al pueblo en tren. Un día entero, siempre decía. Y cortejaba a Filomena a pesar de todo y todos.
Cuando terminó la mili pidieron dispensa papal para poder casarse. Un simple análisis de sangre y ya está. Concedido. Pagando, claro.

Se casaron en el pueblo cuando ella tenía dieciocho y se vinieron para Madrid.
Al año nació Manuel, y Filomena estuvo a punto de morir tras un parto de dos días.
Como consecuencia perdió la fertilidad y buena parte de la alegría. Sólo el pequeño Manuel le encendía la sonrisa.

Vivieron apurados y trabajaron como esclavos para darle a Manuel, que les había salido inteligente, los estudios que quisiera.
El día que se licenció en Económicas fue el más feliz en la vida de Joaquín y Filomena. La culminación de toda una vida de amor y sacrificio.

Por eso Manuel se alegra ahora de que ya hace unos años que dejaron este mundo. Con apenas unos meses de diferencia. Y no puedan ver ni al obsceno personaje en el que se ha convertido su amado hijo, sin haberse dado cuenta, ni el daño que está causando a tanta gente, arruinada por su culpa.
Manuel lo cambiaría todo si pudiese. Desde el principio.
  

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