La respuesta a la pregunta del título es no. No lo es.
Sin embargo, si la pregunta fuese: ¿es conveniente tener pensado lo que se va a escribir?, la respuesta sería más amplia y por supuesto, sujeta a opiniones e interpretaciones.
Por lo que he leído de escritores de renombre, los procedimientos de escritura pueden llegar a ser diametralmente opuestos: Los hay que antes de comenzar a escribir cualquier historia, previamente han ido pensando, o anotando, todos los matices de la misma; desde personajes, a tiempos, a nudo, narrador, desenlace...
Y los hay que se sientan a escribir sin tener absolutamente nada previamente preparado, y dejan que su imaginación y sus dedos trabajen en paralelo.
Picasso decía que él no creía en las musas, pero que por si acaso en algún momento llegaban, lo mejor era que te pillasen trabajando.
Hay escritores que se toman su profesión como un trabajo. Vargas Llosa se levanta temprano, desayuna, se ducha, se pone traje y corbata, y se sienta a escribir toda la mañana.
Por supuesto hay escritores mucho más erráticos y anárquicos, pero no sé cuántos de ellos tienen un Premio Nóbel.
Por mi experiencia personal, te diré que cuando tienes las cosas medio pensadas en la cabeza, la escritura fluye con mayor facilidad, al menos al principio, hasta que plasmas esas ideas sobre el papel/pantalla en blanco. Aunque también te diré que el hecho de que las palabras fluyan con mayor facilidad, no garantiza en absoluto que la calidad de las mismas sea mejor que cuando te sientas a escribir con la cabeza tan en blanco como el papel.
Por tanto, por mi parte, te aconsejo que te conozcas a ti mismo como escritor y que pruebes diferentes técnicas hasta ver la que te resulta más placentera, por un lado, y más productiva, por otro.
Te sugiero que escribas con regularidad. Que te sientes a escribir aunque no tengas ninguna historia en mente. Y que ejercites la imaginación no sólo con el pensamiento, sino también con los dedos sobre el teclado.
Y un último consejo que quizás no consideres importante pero que para mí lo ha sido en muchas ocasiones: Cuando una idea se te venga a la cabeza, apúntala en algún sitio (lleva siempre una libreta contigo, o apúntala en el móvil como una nota o una tarea). En ningún caso permitas que la idea se difumine hasta el olvido, que puede pasar, doy fe, por muy vívida o intensa que en el momento de su nacimiento la sientas.
Después te arrepentirás mientras levantas las baldosas de tu memoria buscándola.

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