Hay enfermedades que no se pueden curar, pero que sin
embargo, con una adecuada medicación, sus síntomas pueden eliminarse y se puede
realizar una vida normal.
La escritura fonético-virtual es una gravísima enfermedad de la
lengua. Nunca pensamos los adultos que lo que parecía al principio un simple
juego de ahorro de letras, pudiese ser tan maligno.
Se propagó como un imparable virus, y os infectó a la
mayoría de los adolescentes-jóvenes actuales, irremisiblemente.
No seré yo el que intente poner freno a lo que no parece
tenerlo (albergo una lejana esperanza de que algún día esta horrible costumbre
remita poco a poco, como amansan las tormentas nocturnas al amanecer).
Así que nos limitaremos a mitigar en la medida de lo posible
el principal síntoma endémico de este tipo de escritura, que no es otro,
gravísimo, que el hecho de olvidar, si no se posee la costumbre de la lectura
continuada de textos escritos en lengua formal, cómo se escriben las palabras.
Jóvenes que pretendían escribir “sin” escritura fonética,
han llegado a patalear el diccionario con infortunios semejantes a:
Oi me e levantado enfermo.
El esamen ke tenia me a salido bien.
Aora mismo boi.
Se me saltan las lágrimas de pura tristeza lingüística.
En fin, como digo no voy a intentar curar la enfermedad, ni
siquiera voy a intentar encontrar una vacuna para no contagiarse, que sería
maravilloso. Me resigno, y admito que todos los nuevos jóvenes van a ir cayendo enfermos también. Por eso os
propongo algunas medicinas que pueden evitar que llegue el aciago día, en el que de
utilizar mal las palabras, olvidéis cómo se escriben correctamente:
1-
Por supuesto leer todos los días. Novelas,
cuentos, blogs, periódicos…
2-
Ponte de acuerdo con algunos de tus amigos, para
no utilizar con ellos, este malévolo instrumento.
3-
No utilizar la escritura fonética-virtual, nunca, con personas
que no sean jóvenes.
4-
Pon el corrector ortográfico en tu móvil y
fíjate siempre en la sugerencia que te realiza, aunque no la utilices.
Y gracias, hijos, por no utilizarla conmigo. Me resultaría muy penoso. Los que amamos las palabras, podemos sentir cómo sufren cuando se las mutila.

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