Tan abundante caudal de verdades derramará mi lengua, que temo que la
tarda vejez se nos deslice en los miembros y suelte los cerrojos que nos
contienen la vida, antes de que mis versos hayan hecho llegar a tus oídos el
tesoro de argumento que poseo.
Lucrecio (99 a.C. - 55 a.C.)

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